Alfabetización: algunas prácticas que debemos dejar de lado.

En las escuelas que tienen el año escolar organizado por trimestres, el segundo periodo del año ha empezado hace poco. Ha pasado un tiempo “suficiente” para que los maestros sepan desde los nombres y apellidos de sus estudiantes hasta la capacidad de identificar ciertas necesidades educativas temporales tanto a nivel individual como grupal.

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Me atrevo a decir que si hacemos una encuesta, un porcentaje elevado de maestros se encuentran preocupados por el desempeño en matemáticas y comunicación: “vienen con vacíos”, “está en segundo grado y no lee bien”, “está en tercer grado y no comprende”… y así una larga lista de comentarios.

 

Quienes están en aula y quienes hemos pasado por ellas, sabemos que esta preocupación es genuina. Sabemos que la comprensión de lo que uno lee influye directamente en lo que podemos aprender o no por nuestros medios. Sabemos que, flaco favor le hacemos a los niños si organizamos experiencias de aprendizaje basadas en la lectura si no leen de la manera que se requiere para comprender. ¿Cómo es eso? Pues los estudiantes están invirtiendo sus recursos cognitivos para descifrar y no le quedan los necesarios para interpretar y comprender. Mientras tanto, su recurso somos nosotros, hasta que consolidemos la competencia de comprensión lectora de acuerdo a su edad y etapa de desarrollo.

 

Ojo que esto no quiere decir que dejemos de acercarlos a actividades para consolidar el logro de esta competencia; sin embargo, corresponde replantear algunas que seguimos implementando. Algunas, no favorecen el proceso de alfabetización y como consecuencia, la comprensión de lo que se lee ni la producción de textos escritos con diferentes intenciones.

 

Recientes investigaciones – N. Duke (2015), B. Brinkerhoff & Roehring (2014), Ch. Cobb & C. Blachowicz (2014), Marinak & Gambrell (2008), Miller & Moss (2013) – menciona algunas prácticas educativas que, lejos de optimizar el tiempo de aprendizaje no aportan al proceso de alfabetización de los estudiantes. Ante estas, se proponen algunas alternativas que se pueden investigar y empezar a implementar.

 

  1. Búsqueda en el diccionario: a los estudiantes se les sigue pidiendo un diccionario en la lista de útiles. En clase se les da una lista de palabras que deben buscar, transcribir el significado y luego, escribir una oración con cada palabra. Sin embargo, se proponen los Mapas Semánticos como una alternativa para discutir el significado de nuevas palabras introducidas en diferentes contextos literarios. En esta actividad, la construcción de nuevo vocabulario se hace a partir de palabras conocidas y de las palabras  que acompañan las que no se conocen. De esta manera y con la guía del maestro, se logra construir el significado. En este pdf, el Minedu presenta un módulo referente a los mapas semánticos y a distintas actividades en torno a ellos.
  2. Incentivos concreto por lectura: En muchas escuelas, los niños reciben premios por leer, algunos reciben stickers o sellos, ¿cuál es el problema? A menos que los premios estén relacionados directamente con la lectura, este tipo de práctica genera que la lectura sea una actividad elegida espontáneamente en el futuro. Sin embargo, cuando estos incentivos van de la mano con experiencias placenteras de lectura como interacción entre pares y libros, lecturas en voz alta con la maestra, lugares especiales para y otras estrategias; es posible generar gusto por mayor tiempo de lectura.
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  3. Evaluación del vocabulario: en muchas escuelas, los niños reciben una lista de palabras los lunes. Estas sería evaluadas al final de la semana, ¿cuál es el problema? No es tan difícil: los niños que lograron escribir correctamente las palabras en la prueba, algunos días después, ya no lo hacen. La sugerencia de los expertos es entregarle a cada grupo de alumnos diferentes grupos de palabras en función a su nivel de comprensión y aprendizaje. El énfasis de la actividad radica en el análisis y usos de las palabras en vez del desarrollo de pruebas para evaluar la correcta ortografía.
  4. Lectura independiente sin acompañamiento: “El plan lector” o “lectura silenciosa” proveen bloques de tiempo en lo que “todos leen”, lo cual suena genial, ¿no? Sin embargo, estas actividades independientes y sin guía, realmente no promueven logros en la comprensión lectora. Este tipo de actividades requieren instrucciones concretas, metas y acompañamiento de los maestros tanto para la selección del texto, la discusión y las actividades post lectura. Muchos escolares deciden la lectura de un texto y se les deja esta elección de manera independiente. Los maestros no suelen revisar el contenido, la extensión de las oraciones, la extensión de páginas o el vocabulario empleado. Los niños leen solo por leer, cuando el gusto de la lectura está en lo que se saca de la misma y las actividades que nacen a partir de ese “viaje” a través de las páginas.
  5. Eliminar el recreo como castigo: “Si no has terminado de leer no puedes salir al recreo” suele ser una de las justificaciones para que los niños pierdan ese preciado tiempo de juego. Quitarles el recreo como un castigo reduce significativamente las posibilidades de que el niño se beneficie de ese tiempo de lectura. ¿Cómo?

 

Existe conexión entre la actividad física y el aprendizaje académico. Es así que cuando las tareas académicas tienen un tiempo de fin, como la hora de recreo, hace que los estudiantes estén más enfocados en el trabajo académico. Requiere de seguimiento oportuno del maestro, la dosificación del tiempo junto con indicaciones exactas relacionadas al objetivo.

 

Sea o no que en la aulas se lleven a cabo estas propuestas, siempre existe la posibilidad de buscar y encontrar oportunidades para invertir óptimamente el tiempo y manejo de la clase para el logro de las competencias esperadas. Los invitamos a probar e implementar algunas de las alternativas y sobre todo a focalizar las instrucciones claras de las actividades. Mientras estas tengan objetivos claros y pasos a seguir, el desarrollo cognitivo del estudiante se verá beneficiado. Esto, simplemente porque sabe qué debe hacer y qué se espera que haga. A través de acciones reflexivas y remediales podemos empezar a sacar de las aulas las prácticas que no funcionan y vivir experiencias de éxito que cimenten las bases de más y mejores aprendizajes.

 

 

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Licet Reaño
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